¡Hola a todos! Hoy quiero hablaros de una película que he tenido la oportunidad de ver y que, sinceramente, me ha sorprendido mucho: Todos los colores.
Tuve la suerte de poder verla en una proyección especial en La Casa Encendida, ya que la película no se estaba proyectando en muchos cines y, además, se detectó que algunas de las salas en las que estaba prevista no eran accesibles para todas las personas con discapacidad. Por eso se organizó esta proyección especial, aunque con un número limitado de plazas. Y creo que empezar hablando de esto es importante, porque incluso cuando se estrena una película que habla de discapacidad, seguimos encontrándonos con una realidad que conocemos demasiado bien: no siempre podemos acceder a los mismos espacios culturales que el resto de personas.
Pero vayamos a la película.
Todos los colores cuenta la historia de Belén, una adolescente que utiliza silla de ruedas y que está viviendo una etapa de su vida llena de cambios. Amistades, instituto, relaciones, dudas, inseguridades, primeros amores, familia… En definitiva, todas esas cosas que pueden formar parte de la adolescencia y que no tienen nada que ver con tener o no tener una discapacidad.
Y precisamente eso es una de las cosas que más me ha gustado.
Me ha parecido una película increíblemente real. No porque muestre una vida perfecta ni porque esconda las dificultades que puede encontrarse una persona con discapacidad, sino porque enseña también las incertidumbres, los problemas, las alegrías y las contradicciones de una adolescente que, además, utiliza una silla de ruedas.
Para mí, una de las cosas más importantes de esta película es la forma en la que representa a la protagonista. Belén no es la típica chica buena, dulce y perfecta que muchas veces parece que tenemos que ser las personas con discapacidad para que la sociedad nos acepte. Tiene carácter, se equivoca, toma decisiones, se enfada, disfruta, se enamora y también puede hacer cosas que no estén bien.
Y esto me parece fundamental.
Las personas con discapacidad no somos todas iguales ni tenemos que encajar en una única imagen. Podemos ser simpáticas o antipáticas, tener buen o mal carácter, equivocarnos, ser más rebeldes, tener nuestras propias opiniones, enamorarnos, salir de fiesta, discutir con nuestros amigos o simplemente tener un mal día. Parece algo muy básico, pero todavía necesitamos ver más historias que nos muestren así: como personas completas y no únicamente como personas con discapacidad.
Creo que Todos los colores consigue precisamente eso. La discapacidad está presente, pero no es lo único que define a la protagonista. Y, personalmente, me ha encantado poder verme reflejada en una historia así.
Ojalá esta película pueda llegar a muchas más personas y, sobre todo, que en algún momento podamos verla en alguna plataforma de streaming. Creo que historias como esta necesitan llegar a más público, porque no solo sirven para que las personas con discapacidad podamos sentirnos representadas, sino también para que quienes no viven esta realidad puedan conocernos de una forma mucho más natural.
Porque también necesitamos que nos vean así: siendo simplemente personas, con todos nuestros colores.

